Moscú.- El presidente ruso, Vladímir Putin, pretende utilizar las elecciones legislativas del domingo para exhibir ante el mundo un respaldo masivo al Kremlin y a la guerra en Ucrania, según la dirigente opositora Yelena Kotiónochkina, exiliada en Lituania.

La política, una de las líderes de Rusia Pacífica, consideró que Rusia Unida, la formación oficialista que controla el Parlamento desde 2003, buscará conservar la mayoría constitucional en la Duma, la cámara baja. A su juicio, el resultado está definido de antemano y las autoridades electorales garantizarán una victoria contundente para el partido gobernante.

Denuncias sobre el proceso electoral

Kotiónochkina afirmó que la manipulación de los comicios será especialmente amplia y advirtió que habrá pocos centros de votación con observadores independientes. Sostuvo que la diferencia entre los colegios supervisados y aquellos sin control externo suele ser significativa, una situación que, en su opinión, favorece al oficialismo.

La opositora vinculó además la exclusión de Yábloko, el único partido ruso que se pronuncia abiertamente contra la guerra, con el crecimiento de su intención de voto hasta el 9 % en los sondeos oficiales. Interpretó esa decisión como una señal de preocupación del Kremlin ante el descontento existente en la sociedad.

Las encuestas citadas por Kotiónochkina indican que el 59 % de los rusos quiere que se inicien pronto negociaciones de paz. Sin embargo, la dirigente sostuvo que ese malestar no se traduce en protestas masivas debido al temor a la represión. Recordó que quienes cuestionan al Gobierno pueden terminar en prisión o verse obligados a abandonar el país.

Un llamado a invalidar las papeletas

La oposición en el exilio propone que los ciudadanos acudan a votar al mediodía y dañen sus papeletas como forma de expresar su rechazo al sistema y demostrar que el apoyo a la guerra no es unánime. Kotiónochkina señaló que una elevada cantidad de votos inválidos podría servir para visibilizar ese descontento.

La dirigente también reclamó un mayor respaldo occidental a Ucrania. Consideró que el resultado de la guerra dependerá en parte de la ayuda militar y política que reciba Kiev, y alertó sobre los efectos del cansancio europeo y de una posible política de concesiones hacia Moscú.

Finalmente, defendió la creación futura de un programa internacional de apoyo a una eventual democratización rusa. En su opinión, una Rusia pacífica, democrática y sometida al Estado de derecho sería clave para la seguridad global, aunque advirtió que cualquier cambio profundo requerirá la participación de millones de ciudadanos.