Camilo Villegas rara vez lució tan sereno, en momentos en que lo invadía demasiada emoción. Empujó simplemente la pelota hacia el hoyo para apuntarse un par en Bermudas el otoño pasado.

Se enderezó luego y batió ligeramente un puño en el aire, antes de mirar al cielo.

Fue su primera victoria en nueve años, justo en momentos en que estaba a punto de quedarse apeado de esta nueva era de grandes ganancias en el golf. El resultado le dio una exención de dos años en la Gira de la PGA y un boleto para volver a disputar el Masters de Augusta.

Nada de eso importaba en ese momento. El colombiano sólo pensaba en Mía, su pequeña angelita. Dijo que podía sentir su energía.

Villegas recuerda todavía cada detalle de la estadía en el Nicklaus Children’s Hospital en la Florida con su esposa María. Ambos esperaban los resultados de un análisis realizado a su hija de 18 meses.

La puerta se abrió y la habitación se llenó con una docena de médicos y empleados.

“No se necesitan 12 personas para darte una buena noticia”, dijo.

El golfista lloró por días. Encontró fuerza en su esposa, quien le pidió serenarse frente a su hija.

La mujer decoró la habitación con colores brillantes, porque quería que el tiempo que pasara con Mía estuviera lleno de felicidad. Ya habría después tiempo para las lágrimas.

Mía luchó durante cuatro meses contra tumores en el cerebro y la columna vertebral. Falleció el 26 de julio de 2020.

Tres años y tres meses después, ahí estaba Villegas, con el corazón roto pero con un espíritu fuerte, bañándose en champaña sobre el green del hoyo 18 en el Port Royal Golf Club. Luego, tomó una botella y le dio un gran sorbo.

“Este deporte me ha dado muchas cosas buenas y, en el proceso, me ha pateado el trasero”, dijo Villegas aquel domingo en el Bermuda Championship. “La vida me ha dado muchas cosas grandes y, en el proceso, también me ha pateado el trasero”.

Villegas viajó a Augusta esta semana con Rory McIlroy, para volver a familiarizarse con un campo al que, con justa razón, creyó que nunca volvería a ver.

El colombiano de 42 años siempre había mostrado gran energía en el campo. Desde su “lugar mágico”, el Club Campestre de Medellín, hasta sus cuatro años como All-American en Florida, fue un golfista dinámico.

Se le apodó “Spiderman”, por la postura que adopta para calcular su putt, prácticamente recostado sobre el césped pero con una pierna flexionada.

Villegas llegó a ser séptimo del mundo en 2008, cuando ganó el BMW Championship y el Campeonato del Tour en semanas consecutivas. Luego pareció obsesionarse con su ranking, y su nivel de golf comenzó a declinar.

Logró un triunfo en 2014 para volver al Maters. Ello resultó un hecho inusitado. En 2018, una lesión de hombro lo dejó fuera por casi dos años.

Pero fue entonces cuando Mía llegó a su vida y se robó su corazón. Y de pronto se fue.

La vida lo golpeó de una manera que jamás había imaginado.

“Pienso que todo se vuelve más fácil cuando entiendes lo que es normal”, dijo Villegas acerca de la ayuda que han recibido tanto él como su esposa. “Puedo sentarme aquí y preguntarme: ‘¿Por qué Mía no está aquí?’. Y puede ser algo anormal y único. Pero cuando eres parte de un club de gente que ha perdido a un hijo, te das cuenta de que ese club es grande. Y de pronto, es algo más normal de lo que piensas. Los altibajos son normales.

“Y cuando aceptas esos altibajos como algo normal, puedes seguir adelante”.

El primer paso consistió en crear Mia’s Miracles, una fundación dirigida a ayudar a niños y familias que pasan por tragedias similares.

“Fue demasiado dolor y pesar”, comentó el golfista Luke Donald, allegado a la familia y quien ha compartido habitación con Villegas en distintas giras. “Me encanta como ellos dan un marco distinto a todo. Pese a que sólo pudieron compartir dos años con su hija, la vieron como un regalo. Y están haciendo algo grande con Mia’s Miracles. ”Han convertido una situación mala en algo positivo”.

Aunque buscaron terapia para lidiar con la pena, Villegas dijo que “la mejor medicina fue el golf”. El deporte puede ser un motivo de frustraciones incluso en las mejores épocas, pero el sudamericano encontró una fuente inagotable de energía, gracias a todo el apoyo que se le ha manifestado en la Gira.

“¿Qué es más fácil, quedarte en casa y estar solo o venir acá y sentir que el mundo del golf es como tu familia?”, preguntó. “Ellos me transmiten energía. Sí, yo estaba pensando en Mía, pero esto es parte del proceso”.

Villegas utiliza todo el tiempo la palabra “energía”. La lleva tatuada en la muñeca derecha, junto con un símbolo de “+”. Con ello, deja claro que su energía es positiva.

Y lo que solía aportar es lo que recibe en la actualidad. Sólo que ello no se había traducido en los marcadores que le hubieran permitido conservar su credencial de la gira.

Un vuelco llegó en Torrey Pines a comienzos de 2023, cuando no pasó el corte… otra vez. Se dirigió de inmediato al range para esperar a su hermano Manny, caddy de Si Woo Kim.

De pronto, José Campra se acercó para despedirse.

Campra es un profesional del golf en su natal Argentina, y se desempeña como caddie en la gira. Trabajaba con el colombiano Sebastián Muñoz, quien estaba a punto de emigrar a la LIV Golf, la liga financiada por Arabia Saudí.

“Le dije: ‘antes de que te vayas, necesito tu ayuda, hermano’”, dijo Villegas. “Él siempre está analizando mi swing. Si conoces a José, sabes lo cortés que es el tipo. No es un entrometido”.

Ambos acudieron al salón de caddies, donde el argentino le dijo a Villegas qué debía esperar. A Campra no le importaba que el colombiano tuviera una credencial de participación para el final del año. Simplemente le dijo que podía empeorar antes de mejorar y no quería que jugara demasiado para evitar que los malos hábitos volvieran.

“En julio le dije: ‘Camilo, pienso que vas a jugar el Masters otra vez’”, recordó Campra. “Él me respondió: ‘¡Uy, necesitamos ganar!’. Y yo le dije: ‘Pienso que podés ganar’”.

Los frutos llegaron en noviembre, cuando Villegas fue segundo en México. Luego, se sostuvo para ganar el Bermuda Championship.

Mía nunca se aleja de su mente. Villegas percibe buena parte del espíritu de la niña en Mateo, su hijo nacido en diciembre de 2021. El golfista ansía hablarle algún día a Mateo sobre su hermana.

Adam Scott, otro de los mejores amigos de Villegas, jugó también en Bermudas. Para él, el triunfo ahí fue la mejor historia del año en el golf.

“Él ha pasado por mucho”, dijo Scott. “Tengo un respeto colosal por él y por la forma en que se ha conducido por algo como esto, que, para mí, es inimaginable. Este tipo tiene algo especial en su interior”.