El arqueólogo inglés Howard Carter, de quien hoy se cumple el sesquicentenario de su nacimiento, descubrió en 1922 la tumba del faraón Tutankamón. Con ese hallazgo abrió el acceso al conocimiento de buena parte de la historia del Antiguo Egipto.

El yacimiento funerario descubierto venció el saqueo dos veces. Se conservó intacto hasta que Carter (Londres, 1874-1939) lo excavó y catalogó, y luego los objetos encontrados permanecieron en Egipto, a diferencia de los otras importantes piezas de la antigüedad que terminaron en museos extranjeros.

El egiptólogo británico colaboró desde sus 17 años en la documentación de tumbas del Imperio Medio en Beni Hassan. En 1892 estuvo una temporada en Amarna, la capital fundada por el faraón Akenatón.

Entre 1894 y 1899 trabajó en Deir el-Bahari, donde dibujó los relieves del templo de Hatshepsut.Cuando el explorador encontró la tumba de Tutankamón, en una expedición patrocinada por Lord Carnarvon, el depósito fúnebre se hallaba intacto y albergaba más de 5 mil objetos. Fue considerada la mejor preservada del Valle de los Reyes.Carter desarrolló durante casi 10 años un meticuloso trabajo de catalogación de las millares de piezas encontradas, que luego fueron llevadas al Museo Egipcio de El Cairo.El trabajo del inglés, explicó a La Jornada el arqueólogo y antropólogo Eduardo Matos Moctezuma, era valiosísimo, ya que otras tumbas habían sido saqueadas de forma tremenda.

Carter tuvo la fortuna de encontrar aquella tumba preservada, de un faraón que no había sido muy relevante en la historia egipcia. No había sido un Ramsés II o un Tutmosis III, sino un gobernante que murió a los 18 o 19 años y, sin embargo, la riqueza de su ajuar funerario nos permite pensar cómo debieron haber sido majestuosas los de Ramsés II y Amenofis IV.

Añadió que en ese caso, los materiales se conservaron en Egipto, al contrario de lo que pasó en los siglos XVIII y XIX, cuando, con una actitud colonialista, muchos países, entre ellos Inglaterra y Francia, saquearon numerosos lugares arqueológicos de Grecia y de culturas en otras naciones y los transmudaron a sus museos.

Matos destacó que la Unesco ha planteado el interés de que los objetos que fueron trasladados por diversas circunstancias a otros países de preferencia sean devueltos. Baste recordar la polémica de los mármoles del Partenón de Grecia que fueron arrancados por Lord Elgin a principios del siglo XIX y trasladadas a Inglaterra.

El gobierno griego sigue dialogando con autoridades inglesas para ver de qué manera se pueden regresar estas piedras.Explicó que a través de la arqueología se conocen los procesos de desarrollo en las sociedades antiguas. ¿Cómo nos enteramos de esa historia antigua? A través de los materiales, los objetos diversos, los análisis etnobotánicos y toda una serie de nuevas técnicas. Lo importante es encontrar estos materiales en sus lugares originales. Si estos materiales son afectados a través de un saqueo, se está afectando la historia de esos países.

El fundador del Proyecto Templo Mayor, especializado en la investigación de la ciudad de Tenochtitlan, antigua capital de los mexicas, mencionó que el trabajo de Carter permitió abrir las puertas al conocimiento de las prácticas funerarias de los mandatarios del antiguo Egipto, que es equiparable a cuando (Jean-François) Champollion descifró los jeroglíficos egipcios para entender su escritura.Otro ejemplo de la importancia de Carter es la influencia de su maravilloso hallazgo en generaciones posteriores.

Eduardo Matos se apasionó por la arqueología al conocer esa cultura en su juventud y encontró su vocación profesional con la lectura del libro Dioses, tumbas y sabios, del alemán C. W. Ceram. Ahí me enteré de las vicisitudes de las excavaciones egipcias, particularmente en la tumba de Tutankamón, fundamental en mi interés por la arqueología.Matos Moctezuma publicó el volumen Grandes hallazgos de la arqueología, en el que describió la exploración en los vestigios de diferentes culturas, que comienza con la tumba de Tutankamón, en el que reconoció el trabajo del arqueólogo británico.